ROMPER EL CÍRCULO VICIOSO: ¿EL FIN DE LAS MAFIAS EN PROVÍAS O SOLO UN CAMBIO DE MASCARAS?

La noticia de la reorganización de Provías Nacional y Provías Descentralizado debería ser un alivio. El Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), bajo el mando de César Sandoval, anuncia con bombos y platillos que pondrá fin a las mafias que direccionan licitaciones, esas que han convertido la construcción de carreteras y puentes en un negocio privado para unos cuantos. Suena bien, incluso esperanzador, pero mi escepticismo no me deja aplaudir tan rápido. ¿Cuántas veces hemos escuchado discursos similares? ¿Cuántas reestructuraciones se han vendido como la "gran solución" para luego descubrir que solo cambiaron los nombres, pero no el juego?  

El problema no es nuevo. Los informes internos que revelan irregularidades en los comités de selección confirman lo que muchos ya sabíamos: el sistema está podrido. Designar a dedo a los evaluadores, dejar "sillas vacías" para manipular resultados, vincular licitaciones con empresas de familiares—todo eso no es un error, es el modus operandi. Lo grave es que esto ocurre bajo la mirada cómplice o negligente de quienes deberían evitarlo. Que ahora el MTC hable de "transparencia" mientras exfuncionarios de esas mismas dependencias están ligados al caso Lava Jato o a escándalos como Kuntur Wasi, me hace preguntarme: ¿realmente hay voluntad de cambiar algo o solo se trata de limpiar la imagen antes de que estalle otro escándalo?  

Sandoval insiste en que esta medida romperá el círculo vicioso de la corrupción. Habla de comisiones temporales, nuevos directores, criterios "objetivos" para elegir jurados, y hasta de investigar a los responsables del aeropuerto de Chinchero. Suena ambicioso, pero la corrupción en el Perú tiene una habilidad perversa para reinventarse. No basta con cambiar personas si las estructuras que permiten el favoritismo y la opacidad siguen intactas. ¿De qué sirve nombrar a Fernando Mayorga o José Carlos Valdivia si el sistema sigue premiando la lealtad antes que la idoneidad? ¿Qué garantiza que esta "comisión temporal" no termine archivada como tantas otras?  

El ministro menciona que esto es una "indicación expresa" de la presidenta, alineada con su lucha por la transparencia. Bien por la intención, pero las palabras en política valen poco sin resultados concretos. La corrupción no se combate con resoluciones publicadas en El Peruano un sábado por la tarde, sino con acciones sostenidas y sin temor a tocar intereses poderosos. Si de verdad quieren acabar con las mafias, deberían empezar por hacer públicos todos los procesos anteriores, investigar penalmente a los implicados y asegurar que los nuevos directores no tengan vínculos oscuros con las empresas constructoras.  

Al final, la reorganización de Provías puede ser un paso necesario, pero insuficiente. La corrupción no es un problema de formas, sino de fondos. Mientras no haya una reforma estructural que limite la discrecionalidad, fiscalice con independencia y castigue con severidad, esto solo será otro capítulo en el eterno ciclo de escándalos y promesas incumplidas. Ojalá me equivoque, pero la historia sugiere que, en el Perú, las mafias no mueren; solo se reorganizan.

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